Crisis: “una oportunidad,una decisión”.

“La actitud que uno tiene cuando enfrenta lo que pasa eso es éxito”. Carola Castillo.

Decir que vivo en Venezuela, evoca un sin fin de sensaciones, de preguntas, de interrogantes, lamentos, pesares, deseos, sueños, esperanzas. Para algunos, vivir en estos momentos en Venezuela es lo peor, para otros, tal y como lo dijo Carola Castillo (Co-Fundadora y Co-Directora del  Instituto Bert Hellinger) a su paso por esta tierra, es el mejor lugar para estar. Visión que comparto ampliamente con ella. No es cuestión de romanticismo, nacionalismo u optimismo desencarnado, sino de oportunidad para crecer desde nuevas dimensiones y referencias, para evolucionar.

Este post no es para compartir los pros y contras de cómo los venezolanos vivimos, muchos menos para disertar sobre política, sino para compartir una humilde reflexión, sobre la maravillosa y retadora oportunidad en que nos coloca la situación que se nos presenta, es decir de lo que es capaz de evocar una crisis, una condición extrema.

En estos últimos años, escuchando y acompañando a distintas personas, unas más cercanas otras no tanto, he sido testigo de sus duras y exigentes vivencias que me han confrontado y puesto al desnudo. ¿Yo en su lugar cómo hubiese respondido? En otras ocasiones me he llenado de rabia, de dolor, de impotencia y la terapia ha sido la ocasión para sanarme, para crecer.

Recuerdo una de mis pacientes que con dolor y asombro compartía lo que camino a la terapia había vivido. Toda la mañana la había invertido en hacer una larga cola para poder comprar una pieza de pan, mientras iba en el metro una anciana indigente le pidió un pedazo de pan y ella con rabia, escondió el pan y le dijo no. Con lágrimas me decía: “¿Cómo pude responder así?, yo siempre he compartido. Pero no quería darle el pan, desde anoche mi hija y yo no hemos comido”. Toda esa semana esa sesión de terapia me daba vueltas una y otra vez en mi corazón, su imagen, sus lágrimas, y sus palabras me golpeaban.

En otros momentos ver gente que se peleaba por un litro de aceite, por kilo de leche. Avalanchas de gente corriendo a un establecimiento para comprar comida a precio regulado, parecía ver una escena de Guerra Zombie o de Mad Max.

¿Hasta dónde nos puede llevar una crisis?, en condiciones extremas, cuando las necesidades básicas no son satisfechas, ¿de qué somos capaces?. Cuándo se nos saca de nuestra zona de confort, ¿cuál es nuestro comportamiento?. Reacción, acción, reflexión, parálisis, indiferencia, violencia.

Una crisis, una condición extrema, saca lo mejor o lo peor de cada uno. Y la línea fronteriza entre una y otra es muy sutil, la velocidad de decisión se mide en nanosegundos y la precisión en esa decisión ha de ser la de un neurocirujano.

En tiempos de crisis, los valores, los aprendizajes, las tradiciones, la vida misma se pone a prueba. Son como una especie de crisol que templa, purifica, prepara o rompe, destruye, elimina. La diferencia entre una y otra, es la decisión que cada uno toma.

En mi trayectoria de docente y en cada taller o encuentro que facilito, repito que la vida no se improvisa, las pequeñas decisiones tomadas en situaciones sencillas, cotidianas, van preparando el temple con el cual se asumen las grandes y trascendentales decisiones, o las respuestas en condiciones extremas. Esas pequeñas decisiones son las acciones que se hacen hábitos, los hábitos que se hacen actitud, la actitud que se hace vida.

Cuando entrevisto a alguien para seleccionar un nuevo personal, una de las interrogantes es, ¿cómo trabajas bajo presión?; creo que en muchas ocasiones esta pregunta se responde superficialmente, a algunos les extraña tal interrogante. Pero es que la presión, una condición extrema, una prueba, una crisis tiene el arte de sacar lo que está en el fondo de cada uno, de “cualificar” aquello de lo que estamos hechos.

Y eso que sale de nosotros, eso que se pone en evidencia en esos momentos, puede hacer que te sorprendas, que lo rechaces, que lo niegues, que te moleste o que te ayude a conocerte, aceptarte, a crecer. Ser capaz de asumir que eso que sorprende de sí mismo y que hasta ahora era desconocido, eso también es propio, eso también soy yo. La crisis nos sacude como para que todo se reorganice y reacomode.

Los momentos difíciles, de tensión, de prueba, esas condiciones extremas son una oportunidad para observarse, escucharse, aprender. Son una oportunidad para asumir la sombra, la polaridad.
Tener fe cuando todo va bien es fácil. Sostener una amistad, un amor sin ser acrisolado por una crisis es sencillo. Creer en la luz cuando estas en la oscuridad, eso es tener temple para vivir en condiciones extremas.

Una crisis, un momento difícil, te puede quebrar. Te quiebras para reiventarte.

Magdalena Hung 

Prof. en Ciencias Biológicas

Coach Especialista en Adolescentes y Jóvenes.

Terapeuta en Medicina Tradicional China.

Terapia Gestalt .

Twitter: @magdalenahung Instagram: @mmalenah Fb: Magdalena Hung

 

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